Jérôme Lety sonríe con complicidad: “Paul es todo un personaje. Hace unos 20 años, cuando llegó el primer Porsche Cayenne a Tahití, Paul se enteró de alguna manera. Lo esperó en el puerto de Papeete, nuestra ciudad más grande, siguió al Cayenne como una sombra hasta el concesionario Porsche, llegó al mismo tiempo y lo compró ahí mismo”. Desde entonces, Paul Pouvil se ha hecho de varios modelos Porsche: Cayenne, Macan y 911. Pero hoy es un día especial. Hoy recibe un 911 verdaderamente excepcional.
Jérôme Lety dirige German Motors, el importador de Porsche en la Polinesia Francesa. Este enérgico hombre de unos 65 años también ostenta una especie de récord: ningún concesionario Porsche está más lejos de Stuttgart-Zuffenhausen que el Centre Porsche Polynésie Française, ubicado en la Route de Ceinture, en Papeete, Tahití. En línea recta, son unos 18,000 kilómetros. Para ponerlo en perspectiva, Tahití, junto con las legendarias islas de Bora-Bora, Huahine, Mooréa y Rangiroa, forma parte de la Polinesia Francesa, un territorio del tamaño de la Unión Europea situado en medio del océano Pacífico, al sur del ecuador y lejos de prácticamente todo.
Por eso, el 911 Carrera GTS (992) de Paul Pouvil pertenece al selecto grupo de deportivos Porsche cuya historia ya suma casi 12,400 millas náuticas antes de que sus ruedas hayan girado por sus propios medios. Es decir, unos 23,000 kilómetros antes de su primer recorrido.
Un viaje en las entrañas de un barco
La mayor parte de esos kilómetros transcurre a bordo del “Höegh Trove”, uno de los buques de transporte de vehículos más avanzados del mundo. El viaje comienza en Bremerhaven, al norte de Alemania, el 20 de febrero de 2026. El barco pone rumbo al oeste, hacia el Atlántico, y luego gira al sur para bordear el extremo occidental de Europa y la costa atlántica de África. Cruza el ecuador y rodea el cabo de las Agujas, en el extremo sur de África, para adentrarse en el océano Índico.
Desde ahí navega hacia Australia, recorre la costa sur del continente hacia el este hasta llegar al Pacífico y después vira al noreste, antes de atracar en Auckland, Nueva Zelanda, el 28 de abril. Para los 4,000 kilómetros restantes, el 911 queda resguardado en un contenedor a bordo del “Capitaine Kupe”. Zarpa el 29 de abril y llega a Tahití el 9 de mayo a las dos de la tarde. Tras unas 1,872 horas, el viaje termina. Nada menos que 78 días después de salir de Bremerhaven, el 911 llega a la terminal de contenedores Motu Uta, en Papeete.
En comparación, el trayecto de 20 minutos cuesta arriba hasta el Centre Porsche es apenas un salto. Jérôme Lety lo tiene todo preparado. El espacio reservado para el 911 Carrera GTS está delimitado en azul claro sobre el piso de la sala de exhibición. Al frente se lee una inscripción: “Gulfblue. Porsche Exclusive Manufaktur. El primero en la Polinesia Francesa”. Detrás del auto cuelga una fotografía de gran formato de Steve McQueen con su traje de piloto, acompañada de su famosa frase de Le Mans, perfecta para este recién llegado que ha recorrido medio mundo: “Correr es vivir. Todo lo que ocurre antes o después es solo esperar”.
El deportivo luce un acabado Gulfblue, el tono azul claro que hizo famoso el legendario Porsche 917 que McQueen condujo como Michael Delaney en el clásico del cine de carreras de 1971. “Soy fan de Steve McQueen”, confiesa Lety. “Me encanta esa película y el legado de Porsche en Le Mans”. En colaboración con Porsche Exclusive Manufaktur, en Stuttgart-Zuffenhausen, creó este 911 Carrera GTS tan personal. El color exterior, la tapicería de piel y el interior, las costuras plateadas, los cinturones de seguridad a juego, el sistema de escape de titanio y los detalles de carbono en los rines rinden homenaje a las legendarias 24 Horas de Le Mans.
Lety le presentó el diseño a su cliente de más tiempo y ahora gran amigo, Paul Pouvil. Sabía que Pouvil compartía esa pasión hasta en el más mínimo detalle. Pouvil no lo dudó ni un segundo. Quería exactamente ese auto y lo quería cuanto antes. O, al menos, tan pronto como lo permitiera la larga ruta de transporte transoceánico.
Por fin llega el día. En una radiante mañana de mayo, el aire tropical acaricia la piel como seda cuando Pouvil llega al Centre Porsche para su primer recorrido. ¿La correa de su reloj? Gulfblue. ¿Su camisa? Color durazno con un toque naranja que evoca la pintura del 917 de McQueen. Una armonía perfecta. Pouvil tiene 60 años, está lleno de energía, gesticula al hablar y tiene una carcajada potente y contagiosa.
Límite de velocidad: 80 km/h
Se sienta al volante y enciende el motor: el sonido inconfundible del nuevo motor bóxer de 3.6 litros con tecnología T-Hybrid provoca de inmediato el primer momento de piel chinita. Con cuidado y con Lety en el asiento del copiloto, saca el auto de la sala de exhibición y se dirige al ferry que llevará al 911 hasta Mooréa. Porque, aunque cueste creerlo, la isla vecina es todavía más hermosa que Tahití. Y, a diferencia de Tahití, su carretera costera no sufre de embotellamientos constantes.
Sin embargo, el trayecto hasta el ferry transcurre entre avances y paradas. Esto plantea una pregunta evidente: ¿para qué hace falta un Porsche con alrededor de 398 kW (541 PS) y 610 Nm de torque para recorrer los 114 kilómetros de la carretera costera que rodea Tahití Nui o los 60 sinuosos kilómetros de la estrecha cinta de asfalto que circunda Mooréa? En la Polinesia Francesa, el límite de velocidad es de 80 km/h en carreteras rurales y solo aumenta a 90 km/h en un tramo corto de Tahití. “Me encanta el diseño del 911 cuando brilla bajo el sol”, dice Pouvil con entusiasmo. “Su ingeniería me fascina. Admiro la perfección de cada detalle. ¡Mira las costuras de estos asientos de piel! ¡Y luego está McQueen! ¡Le Mans! Y…”. Pisa el acelerador apenas un instante. El 911 se lanza hacia adelante de inmediato mientras el motor bóxer ruge detrás de él. Por encima de las 2,000 rpm, las comisuras de sus labios se elevan y sus ojos también sonríen. “¿Alguna otra pregunta?”.
Las fragatas vuelan en círculos sobre la terminal del ferry mientras autos, camiones cisterna y tráileres se agolpan en los muelles. Aun así, no hay el menor rastro de prisa ni de voces elevadas. Aquí, la serenidad parece ser una virtud fundamental. El personal con chalecos reflejantes dirige el tránsito con una calma inquebrantable y sonrisas cálidas. El ferry pone rumbo al oeste. El Pacífico resplandece con un azul intenso y profundo. Al frente, Mooréa emerge del horizonte con su exuberante vegetación, coronada por montañas de perfiles abruptos e imponentes. La escena parece demasiado cinematográfica para ser real.
Menos de una hora después, el ferry atraca en la bahía de Vai’are. Desde ahí, el 911 Carrera GTS se dirige al norte antes de rodear la isla en sentido contrario a las manecillas del reloj. En cuestión de minutos, la carretera costera asciende unos 50 metros sobre el nivel del mar. Quien no se detenga a admirar la vista hacia el este se pierde de algo extraordinario. Abajo, la laguna se extiende como un inmenso ópalo de poca profundidad que destella en tonos brillantes de azul, verde y turquesa. Desde lo alto, el 911 Gulfblue parece tomar prestado uno de esos colores mágicos. Stuttgart-Zuffenhausen se ha vuelto parte de una sinfonía de color en el Pacífico.
Un azul exótico se encuentra con el verde
La carretera, estrecha y sinuosa, atraviesa un poblado tras otro. A la derecha: costas rocosas, playas blancas y canoas con estabilizadores apoyadas sobre soportes de madera a un metro del agua. Palmeras de coco y los colores deslumbrantes de la laguna. A la izquierda y por encima del camino: vegetación tropical. Pouvil se detiene una y otra vez para tomar fotos. Ama esta isla y se siente orgulloso de su belleza. Tarde o temprano, cada parada se convierte en la misma escena: la gente se reúne alrededor de él y de su 911. Todos quieren una foto con el exótico deportivo azul y su dueño. El entusiasmo, sobre todo entre los hombres más jóvenes, no tiene límites. Y cada vez que el 911 sale disparado como un cohete gracias a Launch Control, se escuchan exclamaciones de emoción a sus espaldas.
Pouvil se deja llevar por el ritmo del camino: “Es como si hubiera telepatía entre el auto y yo. La dirección, los frenos, el pedal del acelerador. Todo responde al instante. Directo, preciso, con un control exquisito, pero nunca brusco”. Su parte favorita lo espera en el extremo sur de la bahía de Opunohu. Ahí comienza el camino hacia Belvédère d’Opunohu, el famoso mirador de la isla, con vistas espectaculares hacia el norte de Mooréa y sus dos profundas bahías. Mejor aún: el camino atraviesa primero un antiguo cráter volcánico y luego asciende entre curvas amplias y cerradas horquillas hasta alcanzar los 240 metros de altitud. Son kilómetros para disfrutar: acelerar, frenar, entrar a la curva y fluir con precisión en cada viraje.
Más tarde, en el ferry de regreso a Tahití, Lety explica qué hace tan especial tener un Porsche en la Polinesia Francesa. “La Polinesia Francesa es un mercado muy pequeño. Vendemos entre 20 y 30 vehículos Porsche al año. Para nosotros es una buena cifra, y es absolutamente esencial que cada cliente esté feliz. Si a alguien se le poncha una llanta a media noche, puede llamarme directamente y yo envío a uno de nuestros mecánicos. Después, quizá me encuentre con ese cliente el fin de semana en un restaurante junto al puerto. Nos sentamos todos juntos y me cuenta lo que pasó. En nuestra pequeña comunidad, las noticias así se difunden de inmediato”.
“Me encanta el diseño del 911 cuando brilla bajo el sol”. Paul Pouvil
Así son las cosas en Tahití. Y antes de que el ferry llegue siquiera a la isla principal, Jérôme Lety y Paul Pouvil ya están hablando de su siguiente proyecto. Al 911 Carrera GTS Gulfblue todavía le faltan los acentos naranjas característicos de los autos de carreras Porsche de los años setenta. “No hay problema”, dice Lety entre risas. “Se nos ocurrirá algo elegante y discreto. Y pronto. Pero sin prisas. Después de todo, estamos en Tahití: la vie est belle”.
De Zuffenhausen a Tahití
El 911 Carrera GTS lleva un toque del carácter de Le Mans gracias a su acabado Paint to Sample en Gulfblue, el tono icónico de los autos de carreras Porsche de principios de los años setenta. El GTS zarpa de Bremerhaven y viaja en barco por el canal de la Mancha y luego por el Atlántico, siguiendo la costa occidental de África hacia el sur. Tras dejar atrás el cabo de Buena Esperanza, cruza el océano Índico y, después de una escala en Nueva Zelanda, llega a su destino: Tahití, en la Polinesia Francesa. Este territorio francés de ultramar en el Pacífico Sur abarca unos cuatro millones de kilómetros cuadrados, una superficie similar a la de la Unión Europea. Por su extensión, Porsche Polynésie Française es, por lo tanto, uno de los territorios de ventas más grandes de Porsche en el mundo. Sin embargo, sus 118 islas y atolones suman una población de apenas unas 280,000 personas.
Info
Texto publicado por primera vez en la revista Christophorus, número 420.
Texto: Wilfried Müller
Imágenes: Killian Domingo y Porsche
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